Testimonios

De las Azores a Japón: una violinista al servicio del evangelio

Rebeca Couto, violinista de la isla Terceira (Azores), sirve como misionera en Yokohama (Japón), donde une la música, el idioma y una iglesia recién nacida.

Vista diurna del distrito Minato Mirai 21 de Yokohama (Japón) desde el muelle de Ōsanbashi (imagen ilustrativa, 2024)
Vista diurna del distrito Minato Mirai 21 de Yokohama (Japón) desde el muelle de Ōsanbashi (imagen ilustrativa, 2024) Foto: Sunwater~jawiki / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0 · Créditos

Rebeca Couto ha pasado de un archipiélago volcánico a otro. Nació y creció en la isla Terceira, en las Azores (Portugal), y hoy vive en Yokohama, Japón, donde estudia el idioma, sirve en una iglesia recién plantada y toca el violín junto a músicos cristianos profesionales. Su historia, publicada el 19 de octubre por la Junta de Misiones Internacionales (IMB) de los bautistas del sur y reproducida el mismo día por Baptist Press, muestra cómo un talento artístico puede convertirse en un puente para el evangelio.

El reportaje, firmado por Tessa Sanchez, subraya un dato curioso: según la IMB, tanto en las Azores como en Japón los cristianos evangélicos no llegan al 1 % de la población.

Cuarta generación de creyentes en una isla con pocas iglesias

Couto es cristiana de cuarta generación, algo excepcional en las islas. Según la IMB, su bisabuelo conoció a Cristo gracias al testimonio de misioneros llegados del Reino Unido. Más tarde, misioneros de la entonces Junta de Misiones Foráneas —hoy IMB— iniciaron la primera obra bautista en las Azores con una iglesia de habla inglesa cerca de una base militar estadounidense, y un matrimonio bautista brasileño plantó una congregación de habla portuguesa. En esa iglesia creció Rebeca y desde ella fue enviada como misionera. Su padre lleva 20 años como pastor.

Un reportaje anterior de la IMB, de abril de 2026, describía la realidad de Terceira: una isla de unos 60.000 habitantes con tres pequeñas iglesias evangélicas que suman unas 200 personas de asistencia. Antes de partir, Couto organizó allí dos sesiones de formación en evangelismo, a las que acudieron 20 personas, y paseos de oración por una zona de la isla situada a media hora de la iglesia evangélica más cercana.

Una iglesia que envía por primera vez

La Igreja Evangélica Baptista da Praia da Vitória, que se presenta en su web como la iglesia que vio nacer a Rebeca, explicó en mayo de 2025 que había decidido por unanimidad respaldar su traslado a Japón, en colaboración con la agencia portuguesa MEVIC (Missão Evangélica Intercultural) y con el apoyo de la IMB. Sería, según la propia congregación, la primera vez que asume la responsabilidad de enviar a una misionera al extranjero. La iglesia resumía así el llamado de Rebeca: llevar «arte a una cultura del silencio, amistad a una cultura de la soledad, perdón a una cultura de la vergüenza».

El japonés, en el transporte público de Lisboa

El camino hacia Japón empezó casi por casualidad. Tras terminar el instituto, Couto se trasladó de las Azores a Lisboa para estudiar música. Pasaba horas en el transporte público y, para aprovecharlas, decidió estudiar japonés porque le parecía un idioma precioso. Entonces no pensaba en ser misionera, pero cuanto más conocía la lengua y la cultura, más crecía su carga por un país donde muy pocos conocen a Jesús.

«Entendí lo desolador que era el panorama y cuánto necesitaba el país a Jesús. Me costó aceptar ese llamado porque las puertas estaban cerradas», explicó a la IMB. Después de completar sus másteres en música y en interpretación de violín, además de estudios de seminario, sus profesores Jonathan y Bethany Sharp, misioneros de la IMB, le propusieron servir en Japón y la invitaron a una escuela de inmersión misionera que estaban poniendo en marcha en Lisboa.

Hoy Couto sirve como «socia misionera global» (global missionary partner), una figura de la IMB para misioneros que reciben el sostén económico de una iglesia u organización de su propio país y trabajan integrados en equipos de la IMB. Según la entidad, cerca de 400 personas sirven así en todo el mundo.

La música como puente

Couto llegó a Japón con su violín sin saber qué oportunidades encontraría. «Me veo llamada a servir a través de la música. Nunca concebí hacer misiones dejando el violín completamente de lado», contó. «La música es una forma universal de conectar con las personas, y resulta muy natural unirla al evangelio y al mensaje de Dios para el corazón de la gente».

Estaba dispuesta a aparcar la música durante un tiempo, pero no hizo falta. En la iglesia a la que asiste en Yokohama hay tres músicos clásicos profesionales, algo que ella misma califica de «milagroso». Enseguida la invitaron a unirse al Euodia Ensemble, un ministerio musical evangélico de músicos profesionales de todo Japón que, según la IMB, cuenta con unos 300 miembros y ofrece conciertos en auditorios de Tokio y Osaka con el fin de bendecir a la sociedad, compartir el evangelio y crear vínculos. El próximo año Couto tocará en uno de sus conciertos principales.

Sembrar con paciencia

Gran parte de su tiempo lo dedica todavía al estudio del idioma, pero ya colabora en una nueva iglesia en un barrio de Yokohama en pleno crecimiento, con muchos adultos jóvenes y familias. El primer culto se celebró una semana antes de que ella llegara. El equipo organiza prácticas de inglés, noches de juegos y hasta un taller de pan dirigido por un panadero japonés.

Couto reconoce que en Japón el crecimiento suele ser lento, al menos con los parámetros occidentales. Por eso considera importante construir una buena reputación para que las nuevas iglesias no se confundan con sectas, muy presentes en el país: tener un lugar físico de reunión, un nombre y una comunidad que genere confianza. Miembros de la iglesia madre —grande para los estándares japoneses, con entre 150 y 180 miembros en tres cultos— acuden a la nueva congregación con sus amigos.

«Es precioso. En la generación con la que trabajo, que es la mía, veo un corazón muy apasionado por ver crecer el Reino, verlo extenderse y ver a la iglesia multiplicarse y dar fruto», afirma.

Análisis: el don al servicio del llamado

La historia de Rebeca Couto rompe con una idea bastante extendida: que para ser misionero hay que renunciar a todo lo que uno sabe hacer. En su caso, los años de estudio musical no fueron un rodeo, sino parte de la preparación. Según el reportaje, ella agradece los tiempos de Dios: haberse marchado antes quizá habría supuesto sacrificar su crecimiento como violinista.

El Salmo 96 invita a cantar «cántico nuevo» y a proclamar «entre las naciones» la gloria de Dios. La música, que no necesita traducción para tocar el corazón, es una herramienta especialmente valiosa en una sociedad como la japonesa, donde el mensaje cristiano llega a muy pocos. Pero el relato también recuerda que la música no sustituye al resto: el idioma, la vida en comunidad, la paciencia y la fidelidad de una pequeña iglesia que envía son igual de importantes.

Hay además una lección para Europa. Unas islas con pocas iglesias evangélicas han enviado a una misionera al otro lado del mundo. No hace falta ser una iglesia grande para participar en la misión.

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Fuentes

Etiquetas:#Japón#Yokohama#Azores#Portugal#misiones#música#violín#IMB